Hasta los huesos

“Al fin han terminado las clases” eso pensaba ELLA mientras estaba en la parada de bus. Solía ir a casa andando, pero ese día llovía mucho y creyó que era más sensato esperar el bus. Pero claro, con los atascos que se montan cuando llueve, la espera parecía interminable. ELLA no tenía prisa estaba disfrutando de buena música y el sonido de la lluvia y la sensación de frio la relajaban… la mañana había sido agotadora. No sabía esperar quieta, así que andaba de la parada a los portales cuando venía que llovía menos. Entre la gente que esperaba al bus había un chico, también escuchando música y andando de un lado a otro. A ella le sonaba su cara, solían cruzarse por los pasillos entre clase y clase. Mientras esperaban de vez en cuando se miraban y hacían gestos de … bueno, aquí estamos… parece que llueve… La música empezaba a ganar terreno en sus cabezas y sus cuerpos y de vez en cuando tarareaban o se movían como bailando.

Derrepente se miraron fijamente a los ojos y sin mediar palabra salieron enmedio de la acera y comenzaron a bailar y reir… No sabían porque lo hacía, no sabían sus nombres. Solo tenían ganas de bailar bajo la lluvia y reirse de veras.

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