Diario de viaje: Aterrizaje en Perú.

Al menos estos primeros días estoy escribiendo un diario de viaje de esta aventura que me ha traido a Perú para los próximos 6 meses. Habrá un blog oficial donde contaré la parte más del proyecto que he venido a hacer aquí. Cuando empecemos a escribir os lo compartiré por aquí. De momento empiezo con lo que fue el viaje y mi primer día en Lima.

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Roll the dice

21 de Abril.

Comienza la aventura de verdad. Toca madrugar y con la ayuda de Carmen hago 2 trasbordos para llegar al aeropuerto. No creo que vaya muy cargada para un viaje de 6 meses pero gestionar 2 maletas y una mochila a la espalda por las escaleras de la línea 6 tiene su aquel. Y esto para mi es el inconveniente de un día. La línea 6 y la accesibilidad están reñidas. En el aeropuerto toca hacer checkin, por si os pasa si vuelas a Estados Unidos a hacer una conexión hay que poner como dirección allí: “Transit to ciudad destino“. Ah y si alguien me prestó algo para el viaje que lo guarde como secreto de estado porque le dije al chico de la facturación de maletas que todo era de mi propiedad. Y lo mejor! pude coger asiento de ventanilla para mi primer vuelo transatlántico!!!!

En el avión tenía al lado a un chico con cara de estar griposo y yo me pasé el vuelo pidiendo zumo de naranja para ver si así no me lo pegaba. El azafato nos dijo que parecíamos una pareja de recién casados y yo pensé que si normalmente las parejas de recién casados tienen tan pocas muestras de afecto como nosotros… o sea 0.

Lo mejor del vuelo sin duda fue el aterrizaje sobre Miami. Vistas geniales, la sensación de planear sobre la ciudad. De que casi te rasquen la barriga los rascacielos y entonces… tomar tierra!! y el paseito por las pistas hasta la terminal me encanta es como un abrazo largo. Me gusta volar ^_^

En Madrid seguía lloviendo

En Madrid seguía lloviendo

En el control me tocó el Cadete Larvell “Ruiditos” Jones de loca academia de policía y le hacía gracia pensar que me iba a pasar 6 meses recorriendo Perú con la mochila, así que mi primera impresión de EEUU fue divertida y relajada.

Como había conseguido dormir en el avión al llegar a Miami a las 3pm tenía batería vital para aguantar hasta la 1am que salía mi vuelo a Lima. Así que ¿qué mejor que bajar a Miami Beach a mojarme los pies? Nunca pensé que iría a este lugar, nunca lo soñé ni estaba en mi lista de sitio que quiero visitar, pero así es el mundo gira y gira y acabas comiéndote las ganas de meterte en el agua de las playas de Miami Beach. Porque claro, no se me ocurrió echar el bikini en la mochila y encima ¿qué hacía con la mochila si me metía al mar?…

Miami Beach

Miami Beach

Antes de que se me acabara la batería vital fui a dar un paseo y acabé cenando en el Tropical Beach Cafe tomando mi primera cena americana con un buen guiño a Irlanda, sandwich de beicon y té. Sitio recomendable y muy auténtico. Y ya solo podía ir de vuelta al aeropuerto para tumbarme un poco y descansar, aunque me duró poco la siesta porque empezó a llegar todo el mundo a la puerta de embarque. Así que me hice pasar por aficionada al baloncesto y me puse delante de una televisión en un intento de no dormirme y no perder el avión. El segundo vuelo fue de dormir y dormir era mi noche después de un día muy muy largo, de 31 horas si no me he liado con los husos horarios.

 

Cena americano-tropital-irlandesa

Cena americano-tropital-irlandesa

22 de abril.

Comienzo el día despertando en un avión mientras aterriza en una ciudad a oscuras, dicen que es Lima, todavía estoy muy dormida como para enterarme de nada. En el baño primer aviso de que tengo que desaprender muchas cosas. El papel higiénico no se tira en el retrete sino en una papelera a parte. Una vez recupero mi equipaje y tengo mi visado de 6 meses salgo a buscar a César, el taxista que debe recogerme… Pero como todo no podía salir perfecto en este viaje el señor se confunde de vuelo y aparece una hora después y con un cartel con el nombre de la calle a la que debe llevarme en lugar del mío. Menos mal que ya me había despertado y caí en la cuenta!! César fue un primer contacto con Lima genial. Escuchaba música pop religiosa y me fue contando cosas de la ciudad. Me llevó serpentenando por la ciudad mientras cogía el teléfono y pitaba a otros conductores. Pasamos cerca del Pacífico, aunque no pude verlo por la bruma. Lo de la calma de la que me habían hablado no la veía por ninguna parte 🙂

Al llegar a casa me esperaba Lucía y María, una de las dueñas de la casa donde viviremos el primer mes. Lucía es la otra voluntaria de ONGAWA con la que comparto experiencia, albaceteñas en Lima! Y en casa ducha y a la oficina para evitar el jet lag. Como justo comenzaba por la tarde el curso del programa en el que estoy trabajando el trabajo fue todo preparar logística para el curso, ir a cambiar dinero y hacerme el chip telefónico (la sim peruana) y ya al curso. Para ir cogimos un taxi y me monté delante… Me encanta vivir la formula 1 en primera fila 😀

El curso empezó bien pero a las 4 entré en saturación y me fui para casa. Solo llevaba unas horas en Lima y sabía coger un combi (bus urbano), paré a hacer la compra y llegué a casa! Me sentía ya en casa y feliz por moverme sola sin mapa ni problemas.

Lo que más me quedó del primer día en Perú fue que eso de la calma de la que me habían hablado es relativa. Cero para conducir y para trabajar. También en mi primera noche en Perú me di cuenta de lo que significa vivir a 7 horas distancia en husos horarios de España. Ahora que yo estaba fuera de la oficina y con ganas de hablar en España estabais durmiendo. Así que a las 9:30 me pudo el agotamiento y me quedé dormida. Mañana sería más.

23 de abril.

5am ya estoy totalmente despierta, el día va a ser muuuuy largo.

Lo empiezo con una reunión de casi 2 horas para repasar el planning y empezar a situarme y a trabajar. El trabajo que voy a realizar aquí me gusta y después de los 3 días de formación que tuve en Madrid antes de venir ya estoy totalmente metida en el proyecto. A la 1pm para mi 8pm en España hago el primer skype con mi familia. Desde que salí de Albacete no me han visto la cara ni escuchado. Solo los whatsapps informando de por dónde iba.

Después comí con mis compañeras que estuvieron hablando de bailes típicos y fiestas locales. Me paso el día preguntando que significan las palabras y qué es eso de lo que hablan. Estoy intentando hacer un diccionario! A las 4:30 pm mi cabeza casi se satura. Pero conseguí sobrevivir con unas galletas y cambiando de tarea. Así que a las 6 y algo salí de la oficina con Lucía y fuimos a hacer la compra y a casa. Esa noche bajé a la cocina a cocinar algo y estuve de charleta con las dueñas, un día os hablo más despacio de ellas y la casa, todas son geniales 😀
Para mi segunda noche tocó película para evitar dormirme demasiado pronto y a las 23.30 cerré los ojos con la esperanza de despertarme a una hora normal…

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La oficina

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Esa canción

¿Pero si Él no lo siente cómo lo va a transmitir? Vacio. Él solo siente el vacío. Un corazón mecánico que late por necesidad. Y un monstruo aparece entre las flores. Nadie le esperaba, pero nadie se asusta al verlo. Él canta. Ella bebe. Ahora el guión dice que cierre los ojos. Pero Él sigue sin sentir nada. Aporrea la guitarra. Nada. Y aún con traje parece desaliñado.

Ella aplaude y mira confusa a su alrededor, ¿nadie nota el vacío? Así que agotada empieza una lista de lo que necesita para salir de allí. Qué echar en la mochila, qué asuntos dejar cerrados, qué ruta ha de tomar para que el vacío no la alcance.

Él usa el humor para huir delante de todos. No llega a ninguna parte, una falsa sonrisa nunca fue un ticket válido en los trenes que salen de la ciudad. Ella nunca fue buena en eso de pillar los chistes. Él dice que es demasiado literal. A Ella le gusta pensar que es literaria.

El setlist escrito en una servilleta de bar de carretera le hace llegar a esa canción y algo despierta en los dos. De repente su guitarra parece tener algo que decir. Su voz empieza a cantar sobre aquel día en que fueron uno y ambos vuelven a temblar.

Y los planes vuelan. Y la hoja de ruta sale por la ventana. Y los ojos de los dos vuelven a brillar. Músicos que se ahogan al cantar, guitarras agujereadas por el uso, público que percibe algo y no sabe qué. Cantar en círculos y que todo vuelva a tener sentido. Ojos que vuelven a brillar, manos que vuelven a temblar sobre la guitarra, sobre el escenario, sobre el cuerpo de Ella.

A fuera seguía lloviendo tal y como dijo el señor del tiempo. Dentro ya no. Ya nadie se agota, nadie se ahoga. Los mundos no se hunden tan fácilmente y nadie paga la atención necesaria. Al terminar el concierto nadie puede ver como Él y Ella se miran, se hablan, se gritan, se desnudan, se aman. Y a la mañana siguiente una solicitud de empadronamiento espera sobre la mesa. Ese es el momento en que Ella preparar las maletas. Pero esta vez Ella busca en el bolso un bolígrafo de la suerte para añadir una clausura.

Firmo los papeles que me atan a este metro cuadrado consciente de que me aburriré de esta ciudad y no por ello dejaré de sonreír. Sé que vendrán las noches frías y beberé whisky caliente y no se me ocurrirá nada que me haga dejar de sonreír. Solo pido que no dejes de cantar esa canción.

Irlanda

Irlanda es ese sitio donde saber qué hay que desaprender porque no sirve de nada y solo estorba y así dejar sitio para aprender cosas nuevas que realmente vas a necesitar en el camino. Como cuándo hay que agacharse en la montaña para que el viento no te tire. Y aprender que el viento no es tan malo como pensabas, y hay ratos que puede ser tu mejor amigo.

Ese sitio donde aprender que si no superas la lluvia no podrás disfrutar del espectáculo que es el sol. Porque el sol es una fiesta en sí y todos sonríen. Y verás mil arcoíris como si fuera un sueño del que no quieres despertar.

Pero también es donde saber que la montaña manda y si dice que hasta aquí no puedes creerte más poderosa que ella. Y solo puedes volver y pensar en la chimenea encendida más cercana.

Donde aprender a servir el té de la tetera a la taza sin derramar una gota. Donde no puedes negarte a un té y debes olvidar el reloj mientras se enfría. Pero la conversación te hará perder la noción del tiempo, no sufras.

Irlanda es ese sitio que es casa en cada paso, donde el tiempo no se para sino que te ayuda a avanzar. Donde cada nota de música de sus calles y pub hace que todo sea mágico. Donde te confundes y no sabes en qué país estas.

Donde llegar sin planes es el mejor plan porque los planes llegaran solos. Pero donde hay que estar atenta para no dejarte atrapar para siempre y poder un día coger el avión de vuelta sabiendo que volverás, un poco más vieja pero con más ganas si eso es posible.

Irlanda es el sitio donde repasar las cuentas antes de ir a dormir y saber que has disfrutado de cada minuto y cada céntimo del día.

Donde los días malos también existen y vas a echar de menos lo importante que quedó atrás pero que pronto estará delante y lo vas a disfrutar por completo.

Gracias Irlanda.

¿A qué suena esta casa?

Recuerdo ser pequeña, despertar por la mañana y quedarme muy quieta a atenta a los sonidos que llegaban. Repasaba cuarto por cuarto, sonido por sonido, para saber quién estaba despierto y qué hacía. Si escuchaba pasos me concentraba para saber quién venía. Había pasos crudos, otros más contundentes, otros más despreocupados. Y luego ese traqueteo, ese ritmo distinto a todos los demás.

Con los años he desarrollado un sentido especial para esto. Y sigo escuchando. Aprendiendo pasos y analizando los sonidos de las casas por las que paso. Sigo quedándome un rato en la cama a escuchar lo que la casa me cuenta.

Cuando vuelvo  a esta casa llena de sonidos “familiares” son los sonidos los primeros que me cuentan cómo ha ido todo mientras no estaba por aquí. Y cómo siempre algo ha cambiado. Me gusta saber que algo ha cambiado, porque eso significa que el mundo sigue girando esté yo o no y me siento menos culpable por abandonar el barco.

Así que esta que es mi casa por temporadas ya no suena igual que cuando me fui por última vez. Y aquel ritmo ya distinto ha cambiado un poco más. Ahora cada paso ya no lo marcan dos golpes sino tres. Ahora un golpe de bastón acompaña a esos pasos. Sabía que ese bastón había entrado en casa pero no podía saber cómo iba a afectar a mi mundo. Y ahora lo sé y cada golpe es un recordatorio de lo importante.

En ruta

Mi padre no encuentra los papeles del Sintron y yo miro billetes de avión mientras pienso en mi cable a tierra. En mi antídoto para los días malos en esta ciudad, en mis saltos en la habitación cuando nadie me ve. Pero subo al autobús y tú no vienes a despedirme. Esto no va de eso, esto va de compañeros de viaje.

Cuando bajo del autobús lo único que puedo pensar es en los sitios que quiero que conozcas. Los lugares que quiero compartir contigo, seguro que el edificio del Matadero de Madrid te encantaría. Los momentos en que quiero mirar a tus ojos, como cuando veas la rosaleda del Retiro. Lo que quiero sentir en mi piel, quizás paseando por Malasaña. Pero esto no va de eso.

Mientras escucho tus canciones para tratar de conocerte. Sé algo sobre tus pasos y que la ciudad cuida de ti, suficiente para calmarme. Pasan los días y mientras me río en otra cama tú te preguntas como me irá, pero esto no va de eso. Pasan los días y los kilómetros.

Ahora un señor que podría ser Eels me indica cual es mi bus porque se me ve en la mochila que yo voy al Newgrange. Y allí no puedo dejar de recordarte pidiéndome que vaya antes de dejar la isla aunque tú nunca vayas a venir conmigo. Ahora entiendo por qué. Después vendrá una agradable conversación con una señora de Oiho sobre lo impactante del lugar. Lo impactante de esta tierra. Da igual los años que tengas, te engancha.

No es navidad pero es un buen día y hoy vuelvo a casa porque donde duerma está mi hogar. Y mi casa es un caos, como siempre, pero eso no me molesta. Al contrario, me hace sonreír. Me hace saber que hay un reto detrás de esta puerta y quiero vivirlo, sobrevivirlo.

Hay días que puedo ser sunny y otros grey, igual que la isla esmeralda, pero tú no lo sabes aún. Esto va de compañeros de viaje así que acabarás descubriéndolo.

Más tarde un otro señor con barba canta “I’m in a hurry” y yo le miro diciendo con los ojos que no tengo prisa. Tengo hambre de calles para desgastar mis suelas. Tengo ganas de cocinar para todos. Pero no tengo prisa, I’m not in a hurry. Esto va de compañeros de viaje y no necesito nada.

En ruta también es una lista musical con su propio relato en Witty.

En el parque II

El parque II

Cada día bajas a la misma hora al parque, haces el mismo recorrido para pasear a Curro, tu perro. Después te sientas en el mismo banco junto a la misma farola. Y entonces Ella pasa delante de ti. Siempre a la misma hora. Con los mismos cascos. Con su música, su mundo y su sonrisa. Ella siempre sonríe. Y entonces al fin después de 24h tú vuelves a sonreír.
Quizás un día te atreverás a decirle algo. Pero hoy tu zona de confort es ese banco, ese horario y tu invisibilidad dentro del escenario que es el parque y no te atreves a salir de ahí.
Hoy ella ha salido tarde del trabajo. Maldita reunión de última hora, de esas que no sirven para nada y le hacen perder la paciencia. Llega tarde a casa, se ducha, y se plantea no salir a pasear. Está muy cansada, quiere ver el último capítulo de su serie favorita y no puede acostarse tarde, mañana tiene otra horrible reunión a primera hora. Tampoco tiene preparado nada para cenar y está hambrienta. El pijama le pone ojitos.

Pero en el último momento sin saber por qué se pone ropa de paseo, coge los cascos y sale a pasear. Siempre el mismo recorrido. Siempre con sus cascos, su música y su mundo. Siempre con la sonrisa puesta, pero hoy no le sale tan bien como otros días, el cansancio se nota. Y nota que hoy el escenario ha cambiado. No hay la misma luz. Ni los mismos corredores. Ni los mismos perros. Sigue paseando y justo empieza a sonar una de esas canciones que le han sentir en casa esté donde esté. Y en ese momento aparece un perro que le hace detenerse a saludarlo como si de un viejo amigo se tratara. No es Curro. Hoy al llegar la hora de cada día subiste a casa sin tu ración de sonrisa pensando que ya llegaría mañana. Ella saluda a otro perro y tras él aparece otro Él con una de esas sonrisas que son casa. Tu mañana no llega. Ella ha cambiado su rutina y ahora cada día busca su propia ración de sonrisa, de casa.

 

Para leer la primera versión: En el parque I

En el parque I

Cada día bajas a la misma hora al parque, haces el mismo recorrido para pasear a Curro, tu perro. Después te sientas en el mismo banco junto a la misma farola. Y entonces Ella pasa delante de ti. Siempre a la misma hora. Con los mismos cascos. Con su música, su mundo y su sonrisa. Ella siempre sonríe. Y entonces después de 24h tú vuelves a sonreír.
Quizás un día te atreverás a decirle algo. Pero hoy tu zona de confort es ese banco, ese horario y tu invisibilidad dentro del escenario que es el parque y no te atreves a salir de ahí.
Hoy ella ha salido tarde del trabajo. Maldita reunión de última hora, de esas que no sirven para nada y le hacen perder la paciencia. Llega tarde a casa, se ducha, y se plantea no salir a pasear. Está muy cansada, quiere ver el último capítulo de su serie favorita y no puede acostarse tarde, mañana tiene otra reunión inútil a primera hora. Tampoco tiene preparado nada para cenar y está hambrienta. El pijama le pone ojitos. Pero en el último momento sin saber por qué se pone ropa de paseo, coge los cascos y sale al parque. Siempre el mismo recorrido. Siempre con sus cascos, su música y su mundo. Siempre con la sonrisa puesta, pero hoy no le sale tan bien como otros días, el cansancio se nota. Y nota que hoy el escenario ha cambiado. No hay la misma luz. Ni los mismos corredores. Ni los mismos perros. Sigue paseando y justo empieza a sonar una de esas canciones que le han sentir en casa esté donde esté. Y en ese momento aparece ese perro de la tercera farola del parque, el de todos los días a la misma hora y ese detalle cotidiano le hace alegrarse tanto que se para a saludarlo como si de un viejo amigo se tratara. Tú eres el dueño del perro, hoy no has sido capaz de subir a casa sin verla pasar. Así que llevas casi dos horas sentado en el mismo banco. Y ella aparece y saluda a tu perro, te mira. ¿Serás capaz de hablar con Ella hoy?

 

Para leer la segunda versión: En el parque II